Ruta provincial 1001, única conexión ente la ciudad de González Catán, partido de La Matanza y el Partido de Morón. El camino fue repavimentado hace 3 años luego de varias décadas de abandono. A su vera hay, en el segmento que sirve como frontera entre partidos, campos, algunos útiles, otros abandonados. O ya no tanto. La crisis habitacional de todo el país llevó a que al menos 50 familias se instalaran en algunos de ellos azuzados por concejales que buscaban posicionarse en las internas del partido justicialista.

La zona carece de todo servicio. No hay cloacas, gas, agua corriente ni luz. El servicio eléctrico lo brindan instalaciones ilegales hechas por los vecinos directamente de las torres de alta tensión bajo las cuales armaron su barrio. Esos campos, en épocas de tormenta, son barridos por vientos feroces y es común que los cables se corten y caigan al suelo.

Tampoco entran las ambulancias, el correo ni los patrulleros. Hay, desde hace años, unas camionetas de seguridad privada que custodian bombas extractoras de agua que no funcionan; o el predio donde funcionará el CARE, una planta de reconversión de residuos urbanos resistida por todos los vecinos de Catán y distintas agrupaciones ambientales.

Cuando se repavimentó la ruta se hizo un nuevo tendido eléctrico para iluminarla. Una ruta históricamente temida por su oscuridad y sus pozos, conocida como tiradero de autos robados, pasó a ser casi un faro. Se la veía de lejos. Hoy es lo que siempre fue, una boca de lobo. Los robos sistemáticos de cables y la falta de presencia policial le devolvieron su antigua fama. Nuevamente reaparecieron los vehículos quemados, los choques, los tiraderos clandestinos de basura.

Los vecinos del nuevo barrio no tienen refugios para el colectivo; caminan 200 metros en la negrura solo iluminada por los señaladores de las torres eléctricas y rezan por no morir atropellados a un costado del camino. Tienen miedo de que les roben, que los violen o los maten.

El único medio de transporte de la zona es el colectivo 236, que en un raro gesto de responsabilidad social empresaria, incrementó la cantidad de servicios y extendió su horario de actividad cuando se vio que lo del barrio venía en serio.

Ese colectivo es en el que viajo cuando el chofer clava los frenos como si hubiese visto un ánima en mitad de la ruta. Abre la puerta. Sube corriendo una pareja con 4 chicos. Le agradecen. El chofer les dice, textualmente, “me tenés que hacer señales con el celular, papá. Si sabés que no se ve un carajo”.

“Te hice – le contesta el hombre- pero el mío es viejito.”

En el capitalismo con rostro humano de Argentina sino tenés celular, no existís.

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