Viernes. 5:15 de la tarde. Puerta de canal 13. Viene caminando un tipo en sentido contrario a la estación. Gafas oscuras tipo Ray Ban. Camisa. Corbata. Saco gris. Barba. Cuarentilargos. Tiene en la mano una botella de Paso de los toros de pomelo. Lleva un morral muy cool que le da un aspecto de gerente de algo. Cuando pasa delante de la gigantografía del gordo Lanata, abre la botella y se la revolea al cartel. El liquido chorrea desde la cabeza del personaje y gotea por el alambrado que separa la vereda del estacionamiento del canal. Cuando la botella toca el piso el tipo mira el cartel y le hace fuck you. Unos albañiles cargados de herramientas y yo, que pateamos para la estación, nos quedamos quietos mirando la secuencia. Los albañiles se miran entre ellos. Cuando el tipo está a mi altura le digo, cómplice:
-Se viene el estallido.
-Me chupa un huevo- me contesta.

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5:25. Ferrocarril Roca ramal a La Plata o a Quilmes o hasta donde llegue pero que pase por Bernal. Todos los vagones hasta la santa pija. Soy arrastrado hacia dentro de uno poco menos que desbordado. El aire acondicionado de la revolución del transporte apenas si da abasto. Hay olor a chivo y a trapo de piso húmedo. Tengo la mochila de frente. Siento que la gente que está detrás de mi se mueve mucho y hace ruidos raros. Trato de darme vuelta por las dudas que se estén haciendo la paja en mi espalda. No me sorprende que pase pero sí que me pase a mí que tengo un culo fofito y a esta hora parezco más un ciruja que un adonis.
Es un grupo de 6 sordomudos. Pibes grandes. Se están cagando de risa. Se mueven por las gesticulaciones. Están en la gran jarana gran. Comienzan a tirarse selfies grupales y a cada nueva foto pegan alaridos acompañados de bailecitos y saltos cual Masai albinos teletransportados de Kiringaya a Wilde sin escalas. Los pasajeros titubean entre mandarlos a la mierda por el apretujamiento que generan o reírse de ellos o con ellos, todo a criterio de cuán hijo de puta sea uno. Los pibes tienen un problema adicional aparte de su algarabía desubicada: huelen francamente horrible, pero horrible mal; horrible, sin eufemismos, metáforas o alegorias de ningún tipo. Tan horrible como el cadaver de Luciano Benjamin Menendez in this moment, right now, que bien merecido se lo tiene por hijo de puta. Es entendible, a la mañana estaba fresco y ahora hacen 30 grados. Todos llevan puesto campera y buso. Se los podrían haber sacado pero sospecho que hubiese sido peor. Una flaca que tengo a mi izquierda sufre arcadas muy discretamente.
Cerca de la estación Don Bosco uno intenta tararear a su manera “despacito”. Los otros lo celebran.
Al llegar a Bernal la piba baja conmigo. Desde el andén increpa a los que quedan arriba del tren y dirigiéndose a la multitud les dice en voz alta, casi gritando:
-Podrían ponerse desodorante ¿No?
De arriba una voz anónima contesta:
– Son sordos, pelotuda.
Le doy la razon.
El tren se va.

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