Todos fuimos alguna vez poetas. A mí no me inspiró Borges, ni Neruda, ni Becquer. Lejos estaba de Pizarnik, de Storni o de Olga Orozco. Spinetta siempre me fue esquivo, Unamuno inconseguible, Gelman de otro mundo. El breve tiempo que ejercí el arte de las palabras que exceden las palabras y buscan tocar la realidad primera no nació de mí.

No fue obra de las políticas educativas, ni la lectura del santo canon de los literatos bendecidos por la musa. A mi me inspiró un nadie, un pobre diablo español; un tipo de versos de segunda línea. Por eso, al cruzarme con el nuevo disco de Revolver (Carlos Goñi) 20 años después, no pude evitar sentir la misma tristeza y el mismo agradecimiento que aquella vez, cuando prendí la radio y escuché su llanto. Un placer enorme (y acaso también una pequeña decepción) cruzarlo y saber que a pesar del tiempo y la distancia, hay una nostalgia que hermana desconocidos.

La canción que me llevó a los versos. Podrán darse cuenta cuál es la razón por la cual no hice carrera con la poesía. Pero mi gratitud hacia ella no puede ser puesta en palabras.

P.D: No escuchen el disco, no les va a gustar.

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