Avenida Rivadavia y José María Moreno. Centro neurálgico de Caballito. Siempre por la mano del parque. Horario entre las 19 y las 20 horas. Quizás un poco más tarde, digamos 19:30 y 20:15 en verano. Sólo días de semana. Ahí te podés cruzar a Jack.

Vos vas caminando a la parada del 180, y lo ves. Te vas a dar cuenta de quién te hablo por que Jack es conspicuo, llama la atención de cualquiera. Alto. Musculoso de gimnasio tupido. Pelo con jopo, rubio canoso, barba milimétrica de tres días. Botas de Walker Texas Ranger. Chaleco sin nada abajo. Brazos depilados y unos anteojos amarillos que lo hacen parecerse a un superhéroe tipo Astro Dorado de la Liga de la Justicia de los ’80 o de Cíclope de los X-men de los ’70. Vamos, unas gafas rarísimas que no son para leer ni te paran el sol más pijotero. Usa un bolso de mano al que lleva con una mano y apoya en su espalda. El prejuicio o la alucinación sólo le imponen a Jack 3 empleos posibles: Barman anabolizado, Stripper o Taxi boy para viejas. De hecho, las mujeres lo miran mucho a Jack. Usa unos pantalones de cuero ajustado que le contornean un culo al que Jesica Cirio le tendría envidia. Lo dicho, Jack pasa y las viejas se relamen. Viejas de todo tipo, cincuentonas copetudas del barrio que llevan a orinar a su labrador y sesenteras que vuelven de jugar a la canasta y están paradas comprando jazmines en la florería de Moreno y Guayaquil.

Las adolescentes ni lo miran o si lo miran se cagan de risa porque Jack es como un Bon Jovi medio fuera de tiempo. Camina mirando al horizonte, sin cruzar la mirada con nadie, como haciéndose el lindo. Debe tener un par de años más que yo así que, en un sólo hervor, el tipo no se cuece.

A veces cuando estoy por la zona le gano de mano y ya estoy en la parada de Moreno y Pedro Goyena cuando pasa. Los habitués lo conocen y no lo registran pero los otros se miran preguntándose si va o viene de un cabarulo, si da o recibe, si te caga a trompadas hasta la muerte o te lleva un té a la cama, te da un besito y te canta el arrorró.

Los primeros días de marzo andaba por ahí. Hacía un calor de la san puta. Adelante mío había dos pibas muy lindas, morenas y de escote generoso. Iban a Villegas, una zona de mujeres duras y curtidas que te la hacen corta: si te pasas de boludo con ellas te embarazan de trillizos. Cuando pasa Jack, con su paso decidido lo miran, lo siguen con las cabezas, lo radiografían, le hacen un palpado anal y si pudieran un papanicolao y una colposcopía. Lo imaginan y en su imaginación, lo catan. Una le dice a la otra
–Se la re chuparía pero no me gustan los tipos que tienen mejor culo que yo.
-Amén, le contesta la otra.
Jack ya estaba llegando a la esquina.

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