Al revés

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A Rocío, una ex compa del secundario que cada tanto me cruzo, le pasa como le pasa a muy poca gente: viaja sentada porque viaja al revés. Es decir, viaja a contramano del resto de la gente. Labura en Hurlingham, en el parque industrial. En un mundo más normal debería tener dificultades para pegar asiento porque el parque tiene espacio para cientos de empresas y miles y miles de trabajadores pero como todas las empresas se fueron a Brasil y los miles y miles de trabajadores se quedaron en pelotas, ella viaja sola. Simple, se fueron todos pero quedaron los recorridos de los bondis, como signos de una nostalgia fabril que no se enteró que ahora somos un país lleno de boludxs.

Nada es lo que hay

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Jodida la soledad. Te quema el cuero y te hace hablar con desconocidos; porque sí, porque tenés que apagar eso vomitando el mal tinto de la vida. En eso pienso mientras escucho como una vieja medio copete se sienta delante mío en el tren y agarra a un pibe que está contra la ventanilla y le cuenta su vida. Le cuenta que el marido, el segundo o el tercero, se fue con una vecina como treinta años menor y se llevó al gato. Dice que lo extraña, al gato. Dice que al marido no, salvo en las noches como anoche, cuando tuvo que levantarse a cargar la bolsa de agua caliente porque ni mamada prende la estufa con lo que sale.

Natalie Perez o el milagro de un encuentro sin espectativas

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¿Será porque el tiempo pasa para todos y nos ponemos de talante blandengue? ¿Será porque se nos endurece el cuero y se nos aflojan las ideas? ¿O porque no tan en el fondo somos unos onanistas recalcitrantes? Importan poco las razones cuando un día nos encontramos escuchando el disco debut de Natalie Perez y reconocemos sin la menor vergüenza que no suena mal.

Compra/venta

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En Consti hay un pibe que siempre me quiere enchufar celulares. Robados, obvio. Ofrece cosas piolas, muy superiores a los que usamos los que estamos en la fila. Los vende baratos. Se acerca con carpa y tira entre dientes un “¿baratito?” y lo muestra. Lo saca de una campera de gimnasia azul eléctrico con capucha.

Rareza

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Supongo que a la mayoría nos sorprenden esas amistades que se sostienen a pesar del tiempo y la distancia. Las aplaudimos y las celebramos. Amigxs a lxs que vemos muy muy de vez en cuando y de los que tenemos pocas noticias, incluso en estos tiempos de redes e instantaneidad, y que sin embargo, al reencontrarlos, parece como si la distancia y el tiempo no las hubiesen mellado. Pasa también con ciertos amores profundamente pasionales, o aquellos gentilmente calmos. Perdemos el contacto y al retomarlo la pasión o la calma están ahí como característica inalienable de ese vínculo. Es raro, rarísimo ese fenómeno. No nos pasa muy seguido y probablemente en el transcurso de toda una vida pase dos, a lo sumo tres veces. Hay a quienes no les pasará nunca.

Silencio

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Es muy raro que pase pero pasa. No se puede predecir, no hay modo de presagiarlo. Ocurre y ya. No tiene que ver con la hora, ni con la época del año. Es el silencio de viaje. Subís y todos callados. Ensimismados en sus propias cavilaciones lxs pasajerxs guardan silencio. Decenas de personas venidas de todas las partes del orbe, apiladas unas sobre otras, obligadas a la convivencia más brutal. Decir que cargan la resignación de quien va hacia el matadero sería injusto. Tal vez ellos sean el verdugo.

Refugio

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Duda semiológica ¿Por qué le decimos refugio al refugio sino te refugia de nada? Para los que no lo saben (porque tienen la fortuna de viajar en helicóptero) lo colectivos se detienen en distintos puntos de la traza de su recorrido para que suban o bajen lxs pasajerxs. Esos puntos son comúnmente denominados “paradas”. Las paradas pueden o no tener un “refugio”, una estructura de metal o material con o sin asientos, por lo general con una suerte de techo o cubierta para proteger de algún chubasco medio pelo.

Argumentos

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Viajar se viaja en todos los horarios. Si los colectivos no fueran tan pero tan chotos se viajaría igual de mal a las 3 de la mañana, que es la única hora en la que las líneas de colectivo pueden decir que no tienen quejas, porque no tienen servicios en las zonas en las que realmente serían útiles. De nada sirve un bondi que pase cada media hora por Billinghurst y Guardia Vieja si hay taxis, Uber, cajeros, hospitales y policías cada tres cuadras. Ahora, un bondi en la plaza de la estación Mendeville del Belgrano Sur a las 2 de la matina para ir a pegar una salita de primeros auxilios es tan de ciencia ficción como el tren bala a Rosario de Cristina y Nestor, dios lo tenga en la gloria y no lo suelte.

Concordia

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El pibe tiene un aro en forma se cuerno que le cruza el tabique de la nariz; como es plateado resalta sobre el negro de la barba tupida. Tiene la frente tatuada con dos oraciones que le cruzan de lado a lado. Una es una invocación a la protección de Jesús, la otra parece el fragmento de una canción de Limp Bizkit o Linkin Park, no sé, yo ya era viejo cuando tuvieron su auge. Lleva una capucha casi monástica sobre el balero. Va sentado en el segundo asiento individual, más allá del no man’s land, que es todo lo atrás que llego.

la gente cree cualquier cosa

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Desde hace unos años me tomo el trabajo de contar lo que veo en mis viajes diarios, en tren, en bondi, subte. Al menos lo más curioso,o lo triste, o lo extraño. No busco espejar la realidad. Tampoco podría. Le tiro un poco de belleza para hacerlo más ameno pero lo básico ocurre y ya. Nunca hay que olvidar el dogma primero del periodismo lanatista: que la verdad no te prive de una buena historia.

Chismoso

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Para algunos es repelente, para mí es magnético. Veo a alguien llorar y me acerco. No me interesa consolarlo, no podría, no sabría, no querría. Solo me interesa la historia. Y si encima, el que llora tiene un teléfono en la mano, mejor aún. Más que los caramelos y las tortafritas. Es pura ganancia, no tiene que hablarte y seguro, de reojo, podés chequear lo que escribe o escuchar lo que le cuenta a otro. Si ya la gente en estado normal te abre su intimidad con la pantallita al aire, más aún cuando la angustia le ocupa toda la atención.

Paradito

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Algunos cronistas postulan que dormir parado es un arte, que es algo que requiere práctica pero sobre todo talento. Yo no sería tan romántico. Si se quiere sobrevivir se aprende. Y si no se aprende entonces se sufre. La vida entera medio que se reduce a eso.

Sexos

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De noche todos los amantes son pardos. Será por eso que cuando terminaban de comer o cuando volvían del cine y la puerta se cerraba; cuando daban de comer a las mascotas y ponían el lavarropas a centrifugar, cuando el último de los vasos era guardado en la alacena, entonces, él se le acercaba hasta oírle la respiración. Ella sonreía. Sabía lo que iba a pasar, cualquiera lo hubiese sabido, incluso quienes solo conocen del sexo las migas de un onanismo sin horizontes.

Un tiempo

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Hace algún tiempo quise mucho a alguien o si no mucho, como me salió querer. La quise bien, que es lo mismo que decir que la quise sin subterfugios, sin esas caretas que a veces usamos para parecer mejores ante los ojos de la gente. Compartimos noches y no todas esas noches estuvieron cargadas de épica pero fueron deseadas y apreciadas. Algunas de ellas, incluso, podrían ser cantadas por cualquier rapsoda en cualquier lugar del mundo porque la dicha de la carne, perra, libre y en bruto no se somete a la historia ni a las mañas. Algunas otras, más calmas, fueron como el momento en el que alguien cualquiera se saca los zapatos y pisa el pasto de la mañana con los pies desnudos. Una mañana de madrugada, en lo oscuro de la noche. Un despertar sin estridencias antes de irse a dormir.

Tiempo muerto

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El tiempo muerto. Eso es lo peor del bondi. Cuando vas amontonado a cuatro decenas de personas y no podés leer porque no hay margen para dar vuelta la página, ni boludear con el teléfono por cagazo a que te lo afanen. Cuando no podés escuchar música porque el colectivero o los otros pasajeros se pasan de rosca con lo que escuchan y entonces invaden tu espacio personal sonoro por más que intentes defenderte con tus auriculares vomitando Death metal a toda castaña. O hay tanta gente apilada que no podés cambiar la canción y te fumás entero el disco de Lali sin poder hacer nada.

Tácticas y estrategias

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Las tácticas y estrategias de la guerra y de la vida no se me dan bien. La pifio seguido, por pancho, por perezoso. Mi ex sabe de eso un kilo y dos pancitos.

Por eso ni bien gano un asiento en el bondi me doy cuenta que la cagué. Cambié un lugar seguro, parado pero apoyado con comodidad en un caño del no man’s land de la puerta por un asiento. Ok, es un asiento mullido pero rodeado de gente que no daría un asiento ni aunque la torturaran a pulso de picana. Si sube una embarazada de octillizos, un cuadrapléjico, un matusalem con varios by pass me la van dar. Y me la dan.

Selfies

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Vuelvo de la Feria del libro. Una cadorcha. La cosa es que espero el 96 semi en Constitución. Estoy en la fila. Bocha de cristianos y otras religiones menos elegantes. Pasa un pibe, uno de esos zombis paqueados venidos de algún lugar con rumbo a ninguno. Vomita en medio de la vereda medio litro de una baba lechosa. Me sorprende que no me manchara. Tengo unos día bastante agresivos pero no le digo nada ¿Qué culpa tiene el pobre diablo?

Flaquita

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Viento, frío, lluvia. Cuando subo al bondi veo un asiento. Me zambullo pero nada está destinado a durar. En la fila había una embarazada. Como mucho, 16 años. Flaca. Flaquísima, con una panza en forma de pelotita. Blanca como la leche y en remera. Ta’ fresco pa’ chomba, en especial, si andás cargando en las tripas a alguien que en unos años te dice que deja el secundario para dedicarse al punk-rock.