Espero 30 minutos el puto semirápido. En la parada una vieja desesperada por hablar le da charla a todos los de la fila. No le importa que yo tenga los auriculares puestos. Parece que es corta de vista, parece que no registra el código social imperante, parece que le importa un reverendo carajo todo.

Llega un discapacitado, vecino, que tuvo unos cuantos ACV y aun tira. No parece que por mucho pero la pilotea. La vieja le da charla, el tipo le contesta, es receptivo. Cuando llega el bondi los dejo subir. Solo les dan un asiento. La vieja se lo birla. Comienza la discusión por quién lo necesita más. Yo voto que el discapacitado pero entre el griterío y las opiniones diversas no me lo tienen en consideración. Hay dos mujeres con pibes en brazos que tienen pinta de estar bastante creciditos. Ni se mosquetan. Hay una embarazada dudosísima a la que todos miramos de reojo y que está claro que se hace la dormida. Hay un pibe que tranquilamente podría dar el asiento pero tiene unos auriculares grandes y una capucha. En un tiro levanta la cabeza. Tiene los ojos pintados, delineados de negro. Su look es de emo, darky, gótico, eso. Raro de ver en la zona. Ojalá no necesite nunca bajarse en el barrio La Salle vestido así. Dudo que lo reciban con amabilidad.

En el centro de Catán suben dos embarazadas. Una es gigante, monumental, la Venus de willendorf embarazada de dos fisicoculturistas. Todos la miramos. Las dos minas con pibes se paran. La gigante ocupa, literalmente, dos asientos y se queda con ambos. La otra va parada. La sentada tiene el tamaño de esos gordos mórbidos de reality show grotesco. Pero no parece que toda esa masa sea fofita, todo lo contrario. Afuera hacen 5 grados, la gorda transpira a mares. Saca el celular. En su mano pantagruelica es diminuto. Tiene cascabeles colgando. Marca, cuándo la atienden dice, ordena, “poné la comida” corta sin despedirse. Son las 9 de la mañana, raro. La que va parada le pregunta cuánto le falta. La gigante contesta “espero que este pibe salga ya porque no lo aguanto”. Resulta que es uno solo. Resulta que lo que parecía una multitud de gente fundando un ciudad es solo un útero, resulta que no está hinchada por una miríada descontrolada de entidades en su interior sino que solo es de huesos grandes.

La discusión entre la vieja y el discapacitado se salda a favor de la vieja por su aspecto de ancianidad venerable. El tipo va surfeando la marcha hasta la parada de El Talita, en la que tarda 5 minutos para bajar el escalón de colectivo. Manda a la mierda a dos adolescentes que le quieren dar una mano.

En el 29, frontera infame que separa la civilización de La Ferrere de la diáspora catanense, suben 3 pibes que no pronuncian eses, erres, y alguna que otra consonante más. Parece que estuvieron presos, parece que vieron El Marginal, parece que no entendieron si era una serie o un circo, parece que se cagaron de risa con la escena de violación. De lo que caso de esa charla entiendo que fue demasiado romántica. Los detalles no son para el horario de protección al menor.

Voy apoyado contra un caño que me pincha el esternón. En silencio le ruego que me mate. No soy digno de tal misericordia.

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