Las militancias en la red son difusas, poseen mitad de honestidad y mitad de corrección política apta para los círculos en las que nos movemos habitualmente. Los antiperonistas con amigos antiperonistas dicen cosas antiperonistas y se felicitan mutuamente por las ocurrencias y la crítica penetrante. Los peronistas con amigos peronistas dicen cosas de peronistas y se palmean virtualmente las espaldas como si cada palabra los emparentara con el león herbívoro – dios lo tenga en la gloria y no lo suelte-.

Sin embargo la posta la tiene una intelectual que frecuento y admiro que con sus pocos modales dice que la verdadera red social está en la calle y todo lo otro es puro chamuyo.

Ahora bien, en ese chamuyo de elites con plan de datos pasan cosas curiosas. La primera es que la vorágine del posteo funda el olvido. El posteo del año pasado es tan irrelevante como el diario de ayer, como la quinta paja de la que no han quedado rastro ni memoria (¿alguien recuerda otra que no sea la primera o la última?), como el rostro de alguien que nos pidió la hora en un recital de una banda con un solo hit. Entonces gente que apoyaba paros y movilizaciones contra el gobierno anterior ahora no apoya paros y movilizaciones contra este aunque la honestidad intelectual de los sindicalistas no haya variado un ápice. Humor social le dicen.

Un ejemplo de esa dinámica es la figura de Beatriz Sarlo. Hace poco más de un año, cuando disputaba con el kirchnerismo, los trolls de internet la elevaban al paraíso de la intelectualidad crítica. La semana pasada cuando Clarín la muestra cuestionando al macrismo los mismos trolls (o la misma granja de trolls remunerados) la defenestraba incluso como ser humano. Y también pasa al revés. Los que la mataban antes ahora, como se volvió funcional a intereses opositores, la rescatan del miasma en donde la tenían estacionada en sus cabezas. Pero volvamos a los personajes menos públicos que tenemos por contactos.

Hombres y mujeres cuestionando el paro docente. Perfiles de mis contactos que lo hacen: gente que no ha sentido apego alguno por la formación intelectual, que nunca sintió que la institución escolar les diera algo. Por lo general, también, ese cuestionamiento viene dado por una situación común y práctica: son gente de laburo. Suena el despertador y hay que irse a laburar. ¿Dónde dejo los pibes? ¿Con quién? ¿Tengo que salir antes para estar con ellos? Lo que decía Freire, educación bancaria. Te doy a los pibes, los haces laburar y me los devolvés con intereses intelectuales dentro del marote. De paso puedo hacer otras cosas en el medio ¿Se los puede juzgar por eso? A medias. Hay que entender que mucha gente labura para comer, no para ir de vacaciones a Cancún con el dolar barato del 2015.

También pasa lo siguiente. El docente es un gremio combativo por mucho que se desprecie a los sindicalistas en todas sus variantes. Cuando en los ´80 y los ´90 el sindicalismo vernáculo bajó todas sus banderas ellos no lo hicieron. Por lo tanto cuando las personas de a pie mentan los beneficios del docente lo que hacen es en el fondo invisibilizar el hecho de que sus propios representantes se llamaron a silencio cuando los otros combatieron. No tienen que quejarse de las luchas docentes sino de las luchas propias que fueron abandonadas. Pero nadie reconoce de buen grado que la tortuga se le escapó.

Es cierto que el docente tiene ciertos beneficios vinculados a la estabilidad laboral que otros ámbitos no poseen. También parece creíble cierta perspectiva que aborda la cuestión docente como un problema de vocación. Todos conocemos a alguien que se hizo docente porque era una salida laboral rápida, segura y que desempeña su tarea como quien enlata arvejas en una máquina. Pero también es cierto que en todas las profesiones, oficios y actividades hay paracaidistas noruegos que no sabemos por qué están ahí y les deseamos la muerte.

También habitan en la red lxs señotitxs de los buenos modales y el ultrarrepublicanismo que entiende a la política como un minué victoriano. Se rasca un poco en la superficie y todo lo que pueden decir es que en otras partes del mundo la cosa pública funciona mejor. Lo ignoran todo de los entretelones que hay entre una constitución y las formas de relacionarse contante y sonante que se dan en su propia comunidad. Saben vivir, consumir, coimear, pagar impuestos, recibirse, trabajar, tirarse un polvo, irse de fin de semana a Quequén pero desconocen la historia de los derechos y obligaciones que hicieron y hacen posible cada una de esas cosas. De allí la meritocracia que le exigen a otros y que justifican para sí con las formulas «yo trabajo, yo pago, yo cumplo» como si bastara la sola voluntad para tener un mendrugo de pan. Están ahí los muertos de hambre de todo el mundo quienes, seguramente, si pudieran, se opondrían a esa idea pero como sabemos, están ahí, corriendo la coneja y fumando paco para no sentir hambre ni frio ni calor ni nada de nada.

Son fans incondicionales de las falacias de composición. Confunden la parte con el todo. Si la cabeza de un reclamo es poco honesto, el reclamo es inválido. Son fans de la falacia ad hominem, si el que habla es un pelotudo no importa si dice que dos y dos son cuatro, igual es incorrecto. Funciona así con el derechista irredento, con el progre, con el trosko con iphone, con el ultra k recontra encajetado con lo nac & pop.

Y se me fue todo lo que estaba pensando por irme a cenar milanesas, la puta madre. Y bué, es facebook, tampoco es que importe mucho. La verdadera red social está en la calle, gente, salgan y rompan todo. Que dios elija a los suyos…si existe.

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