Bondi. 86. Madrugada. Dos tipos sentados juntos. Uno le dice a otro:

– Salí con Elisa. Noté que ella no quería estar ahí conmigo. Ni siquiera me dio pie a decir nada. Por ahí tendría que haberle dicho lo que quería decirle igual y sacármelo de encima. No soltaba el teléfono. En un momento se da vuelta. Estaba hablando con el novio.

-¿Cómo sabés?- pregunta el otro.

-¿Quién tiene un contacto que se llama “Manu❤❤❤” así, con corazones?

-Puff- le contesta el otro.

-¿Había necesidad?- se pregunta, como mirándose en un espejo.

Yo, que escucho la conversación desde el asiento de atrás pienso que Simón de Montfort no tenía necesidad de matar 5000 albigenses. Pienso que los de Isis no tenían necesidad de matar a los últimos zoroastrinos del mundo. Que no había necesidad de extinguir al último rinoceronte blanco macho ni al pájaro dodo pero que la gente hace lo que desea, lo que se le viene al quinto forro del ojete y que a veces sale bien y es feliz, a veces sale mal y se siente espantoso y a veces a pesar de hacer las cosas con las mejores buenas intensiones la taba cae para el lado chúcaro y la cagaste, y te cagaste y cagaste a otros. Y así es la vida desde que nos bajamos del árbol. Y a dios le chupa un huevo o un ovario o lo que tenga si es que tiene algo porque podés hacer lo que carajo sea y no te va a escuchar.

El otro tipo le pasa la mano por el ombro y lo consuela. No sé si el otro lagrimea pero se suena los mocos con un ruido importante.

Yo también moqueo. Busco un paquete que metí en el bolsillo del saco. No lo tengo. Me recontrarecago en la leche.

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