Pedro Goyena y José María Moreno. Cuento 125 personas en la fila. En hora pico suele haber el doble pero a esta no. Es raro. Me salta la ficha cuando relojeo las remeras. Son de varios movimientos sociales. La mayoría vienen de la protesta contra el Fondo Monetario en Plaza de Mayo. La verdad verdadera es que no parecen muy duchos en finanzas internacionales ni en geopolítica pero sí entrenados en correr la coneja seguido. Les guste o no a los intelectuales de Twitter eso te da una experiencia bastante intensa acerca de dónde está el bien y dónde el mal. Así que los felicito pero harían bien en no volver tan tarde o mejor dicho, me haría bien a mí que usen otra ruta porque me cagan la vuelta. Puedo subir recién cuando viene el quinto 180.

Voy parado, obvio. Espío el teléfono del tipo que tengo sentado ahí nomás. Compruebo que los tiempos cambian cuando veo que googlea en su celular cómo solucionar problemas de erección. Imagino que cree que viaja solo o que nadie se atrevería a leer su teléfono. Estoy a su lado, apretujado, pisoteado, con decenas de posibles covideados respirándome por todos los wines. El tipo tiene la ventanilla abierta así que me agarro de su asiento para aguantar la avalancha humana que se desata en las paradas importantes tipo Del Barco Centenera o San Pedrito. El tipo no se esmera mucho en su búsqueda. La primera página es, extrañamente, médica, y todo lo que sugiere es bastante razonable y aconseja: ante cualquier duda consulte a su médico de cabecera. Cómo el lenguaje es más o menos técnico sale de ahí con rapidez y va bajando la calidad de la información a medida que cambia de web. Tiene una libretita en donde al parecer anota las sugerencias que más le cierran. Primero anota “no fumar”, luego “comer nueces y apio”. Continúa con un “no mirar porno” y termina con un “no masturbarse”. Lo tacha. Estoy a punto de largar la carcajada pero me contengo porque hasta donde recuerdo no me gusta que me caguen a trompadas. Además, hubiese tachado lo mismo. Termina buscando en el mercadito virtual ese que tiene Facebook alguien que le venda Viagra. Ve los precios y acaba por preguntarle detalles del producto a uno que vende 5 pastillas sueltas por $1000 en Laferrere. Estoy a punto de decirle que eso es lo mismo que ir a comprar merca adulterada a la villa pero si sos tan opa para jugar así con tu pito lo más probable es que te chupe un huevo un consejo razonable. Una pena porque el tipo al menos reconoció ante sí mismo que tenía un problema que hace mella en su ego. Lástima que eligió el camino menos responsable. Ojalá tenga suerte.

Se pasa el resto del viaje viendo en instagram menores de edad en pelotas.

En algún momento empieza a sonar música en vivo. Un pirado que subió a lo último tiene uno de esos bafles diminutos que suenan a morir conectado a un charanguito. Toca canciones del altiplano o por ahí. Por suerte no canta o al menos no llego a escucharlo. Una señora le dice a otra con la que va conversando que esa canción que suena se la cantaba la abuela cuando cuidaban cabras en Caimancito. Me causa gracia el nombre en diminutivo. Googleo. Es en Jujuy, el último lugar del mundo donde uno espera encontrarse un caimán. Pero bueno, la gente es creativa con los nombres. Ya lo vemos, a cualquier poronga le dicen clase media.

Otro tipo, uno que va parado de espaldas a mí habla por teléfono o tira audios de Wasap. Da igual. El tipo le dice a alguien, presumiblemente una mujer, que él también tiene una vida y que no se puede encargar de solucionar todos los problemas y enumera: conseguir guita, pagar la luz, los impuestos, los teléfonos, internet, controlar a los albañiles, pagar la cuota del cementerio, llamar al plomero y cortar el pasto.

-Un problema, Inés, solucioname. Uno solo. Con el chamullo ese del crecimiento personal ni una milanesa hacés. Todo el día boludeando con el Facebook. No sos una modelo de Estados Unidos, Inés, vivís en San Alberto, sacaste un crédito para pagar la escuela de los nenes.

-¿Los nenes?, Inés, tu mamá se encarga de los nenes, mí hermano se encarga de los nenes, hasta tu prima se encarga más de los nenes que vos.

-No, Inés, no. Hace un año que hacés cursos para sanar no sé qué cosa pero cuando te digo de colgar la ropa empezás a los gritos. Yo tampoco tengo la vida que quiero pero no me hago el boludo, la pongo toda.

Me da intriga saber qué es ponerla toda pero ya me hinché las pelotas. ¿Por qué la monada habla esas cosas adelante de todo el mundo? Hablá con tu señora en la cama, papu, no puede ser que se den más bola por teléfono que en vivo y en directo. Aparte, te lo garanto, te va a dejar por la profe de telas o el preceptor de la escuela de los nenes. Ni te gastes.

El tipo baja en San Alberto hecho una furia. Seguimos. En Laferrere Town, del lado de ruta 3, baja el de las pastillas de Viagra. Le dice algo a una flaca que tiene delante haciéndose el copado en obvio plan de levante. La flaca tiene barbijo pero se ve que se puso colorada y larga una risita nerviosa que no adivino si es de agasajada o incómoda. El tipo, un inconsciente, mirá si la piba agarra viaje. Qué problema, ¿no?

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