Entro al final jugadísimo. No estudié casi nada. Lo poco que leí fue lo que me obligó a estudiar Elsa, mi acompañante terapéutica del trabajo. Me siento. Adelante esta el profesor. Doctor en comunicación en 45 universidades del mundo. Lo llaman de todas partes todo el tiempo para que hable sobre lo que sea. Un diario se gasea sobre la constitución nacional, lo llaman. Bill Gates desayuna café con leche, lo llaman. Me pregunta: -“¿por dónde querés empezar?” Pienso 2 segundos.
-“Quiero hacer una crítica epistemológica de todo lo que la materia dejó afuera, cuestionando la elección de los autores, el programa y el velado intento por omitir la cuestión de fondo sobre la propiedad de los medios de producción que las corrientes estudiadas intentan.” Arquea los ojos.
Un suicidio. Como decirle que la tiene corta. Cómo piropearle a la mujer. Como ducharse con agua fría y ponerle mayonesa al choripán. Me Deja hablar 5 minutos. En un momento me corta. Me pregunta:
-“¿Cuánto te pondrías?”
“Me la pone” -pienso – “otra vez me pasé de trosko”.
-“Te queda 8. Chau”. Me da la mano.
Salió de pedo. Cualquier otro me embaraza.
Para celebrar me quiero comer una ensalada de frutas. No hay. La puta madre.

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