El problema no es que gane la derecha una elección, sino que su triunfo habilita actitudes que en principio se encuentran más cercanas a la brutalidad que a cualquier ideología. Es en ese paño donde se juega la cosa cotidiana. Eso parece decirle una chica trans a otra en la esquina de Garay y Salta. Usa otras palabras, es cierto. No le pone eses a lo que dice, es cierto. Probablemente no esté versada en ciencias políticas, probablemente desconozca las definiciones sobre el poder de Foucault o las relaciones entre esquizofrenia y capitalismo de Deleuze y Guattari. Sabe algo un poco más consistente, se diría, porque se le notan los años y el hambre y se lo dice a otra flaca como ella pero que se ve más joven pero no con menos hambre. Le dice rápido “ahorrá negrita, porque nos van a sacar hasta lo que no vamos a poder comprar nunca”. Posta. Lo escuché. Cuando me di vuelta para decirle algo, no sé cualquier cosa, se ofreció a chuparmela por $150 más el telo. Agradecí amablemente pero no acepté. Se me hacía tarde para ir a llorar.

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