La moda como una de las bellas artes

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Como la edad que tengo no es nada barata mí memoria alcanza hasta tiempos en los que no era tan habitual como ahora que los diarios te explicaran paso a paso cómo amasijar presidentes; o sí, pero eran más discretos. En esas épocas, con la excusa del currículum oculto y aquello de formar al educando para el mundo laboral, te obligaban a ir al colegio de punta en blanco. En la puerta se paraba una preceptora o algún otro con cargo institucional y te miraba la facha a ver si te encontraba algo en órsay.

El origen del mal 2: ahora es personal.

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No solo recortaron la frecuencia de los servicios de colectivos sino que achicaron el horario de actividad así que si antes viajar era un descenso a los infiernos ahora es una expedición en busca de la moral macrista. Más paciencia, más guita, más violencia y, por supuesto, menos sueño porque si querés llegar tenés que madrugar. Así que los ánimos están caldeados desde el vamos.

Fra noi

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El loco saca un parlante y se pone a predicar mientras rapea. Me lo veía venir porque desde que subí revisaba un nuevo testamento y lo memorizaba entre dientes. También porque tiene cara de haber estado una o dos temporadas en una granja. El tipo tiene cierto talento para la rima. No es Olga Orozco, claramente. Tampoco Jaques Prèvert. Le falta bagaje lexical pero nadie nace sabiendo. Lo que dice, en términos místico-religiosos, es de una inocencia voluntarista que a la larga siempre termina en cruzada genocida o irrelevancia desesperanzadora. Él flashea buenas vibras y el advenimiento de un mundo mejor, como todos los chotos del mundo, vamos a decirlo.

Extravío

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Sube poco más allá del centro de Kathan city. A simple vista se nota que tiene las facultades mentales alteradas. No está bien. Es viejísima. Viste una docena de prendas, pero todas de verano o de hilo, que no sirven ni de chiripa para protegerla del frío que hace. Lleva puesto un pantalón de gimnasia con el elástico roto y lo sostiene con la misma mano con la que lleva una bolsa que parece pesadísima, no por lo grande sino por el ruido a metal que hace cuando la mueve. Con la otra mano se sostiene y manipula un fragmento de varilla de construcción de unos 20 centímetros que agita como si fuera una varita mágica cada vez que el colectivo frena en un semáforo. Tiene, como si fuera poco, un problema de obesidad.

Angelito

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Hace incontables eras, cuando no existía el kirchnerismo y Flavia Palmiero era novia de Franco Macri, me pintó por la religión. Joven, inexperto, falto de amigos y demasiado pobre para permitirme drogas de calidad, pasaba un catolicismo baratito por ahí y me sumé. Estuvo bien unos años hasta que empecé a leer. Luego llegué a la conclusión de que los dioses, si los hay, disfrutan más de las lágrimas de los inocentes que de su salvación.

Crianzas

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Como no siento mucho aprecio por la condición humana la cosa medioambiental no me traba el sueño. Eso sí, la mugre te la combato por una cuestión de decoro así que si masco un chicle o me fumo un pucho me guardo los restos en el bolsillo. A la larga es peor el remedio que la enfermedad porque los bolsillos del saco acaban por ser un reservorio de sustancias indecibles que van combinándose entre ellas y generando su propio medio ambiente. Eso es lo que encuentra el punga de no más de 14 años que intenta zarparme algo en el tren Roca. El vagón explota. Nos hicieron bajar de dos formaciones que por desperfectos de algún tipo no salían. Una infradotada dice que son los coletazos de Mercurio retrógrado que terminó la semana pasada pero que no se quiere ir.

Literaturas peligrosas

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Es de noche, tipo 20:30. Está fresco, pero no tanto. Antes de salir del laburo me puse unos calzoncillos largos. Craso error. Ayer funcionaron bien pero hoy no. Me pican. Me detengo a rascarme las partes íntimas frente a un bar pocilguero de Constitución. Siempre está lleno porque no es solo bar. También es pizzería, parrilla, panchería y despensa de prostitución y también otras cosas poco claras. Las chicas se sientan al fondo, en una mesita. A decir verdad, no son chicas. Son señoras que deben estar en el oficio desde que más o menos se fundó. Nada que decir; cada quién para la olla como puede. Aparte, si están es porque clientes no les faltan y en ciertas áreas de la vida la experiencia y la maña valen más que la fuerza y la turgencia.

Transculturalidad

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Los negros que viven de la venta ambulante en Constitución son un ejemplo inmejorable de globalización. Ellos, inmigrantes a veces legales y a veces no, venidos de los rincones más ásperos del África subdesarrollada, venden gadgets para celulares, ropas, calzados de marcas europeas fabricados por trabajadores asiáticos subalimentados o bolivianos esclavizados en talleres clandestinos propiedad de damas de la alta sociedad de cabotaje.

Politoxic universe

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Juan de Garay, mano a Constitución. Viernes 20:00. Más o menos fresco. Por el camino me crucé con varios barsuchos. Algunos cool, algunos chic y algunos francamente de borrachos. Todos con su clientela en la puerta, haciendo esquina, tratando de perder la sobriedad o tratando de encontrarla, suele depender de la hora.

El origen del mal

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Lo dicho hasta el hartazgo moral: el colectivero pertenece a una raza miserable e indigna. Es una entidad en la que confluyen el mal, la perversión y la miserabilidad. No nacen así, lo cual es peor. Culpar al escorpión por picarte o al macrista por ser un iletrado es absurdo. Está en su naturaleza. El colectivero no, el colectivero se hace, se construye. Ningún pibe nace chorro, ninguna persona colectivero.

Gourmandis

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Pueden decir que soy un tipo de la vieja escuela, llamarme nostálgico, tradicionalista, un punto afín a folclores pretéritos, un misticista adorador de dioses antiguos y caducos. En fin, un retrógrado. Y sí, es cierto, todavía uso barbijo. Lo uso bien puesto, además. Lo uso el tiempo que el paquete dice que es útil, además. Y en honor a la verdad, uso dos, además. Uno de farmacia medio careli y otro de tela de kiosko del conurbano que me regalaron. Los uso juntos, por las dudas. Me siento más seguro, en especial cuando me subo con 89 tipos durante dos horas en un espacio donde entran 30 y no abren las ventanillas porque se les enfría el pechito. Uso alcohol en gel, además. Me lavo las manos, evito el mate, saludo de puñito y me di tres vacunas, además. Lo hice constar en mí perfil de Tinder, para hacerme el sexy. No la pongo nunca, además, pero ese es otro tema.

Fresca

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Aquello de que en bolas todos somos iguales cobra sentido con los primeros fríos. Iguales en verano cuando nos ponemos dos trapos y a la calle, iguales ante el calor, iguales ante la ley e iguales ante la muerte. Todas cosas muy piripipí en los papeles y en las pretensiones burguesas pero en los hechos no. Como en una reducción al absurdo mal entendida la fresca pone los puntos sobre las íes que es lo mismo que decir que la verdad de la milanga depende mucho tu lugar en la pirámide alimenticia para saber si vas a zafar o si se te van a congelar las pelotas. Cuestión de dinero, dicen.

Embarbijaciones

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En pampas en donde parar la olla es el desafío diario, el mangazo es pan de cada día. Te manguea una moneda para el vino la monada que hace esquina. Te manguea un pucho un cualquiera en la parada del bondi. Te manguea un limón el vecino y te manguean un trago si te ven con el fernet recién servido en la puerta de tu casa en navidad. También te manguean la billetera, la mochilla y las llantas si andás por donde no debés; eso no es estrictamente un mangazo pero a los efectos es igual. Te quedás sin algo que tenías.

Homo evolutionis

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Pedro Goyena y José María Moreno. Cuento 125 personas en la fila. En hora pico suele haber el doble pero a esta no. Es raro. Me salta la ficha cuando relojeo las remeras. Son de varios movimientos sociales. La mayoría vienen de la protesta contra el Fondo Monetario en Plaza de Mayo. La verdad verdadera es que no parecen muy duchos en finanzas internacionales ni en geopolítica pero sí entrenados en correr la coneja seguido. Les guste o no a los intelectuales de Twitter eso te da una experiencia bastante intensa acerca de dónde está el bien y dónde el mal. Así que los felicito pero harían bien en no volver tan tarde o mejor dicho, me haría bien a mí que usen otra ruta porque me cagan la vuelta. Puedo subir recién cuando viene el quinto 180.

Anecdotario

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Hace muchos, muchos años, cuando Máximo K. todavía no jugaba a la play pero tenía un family re copado, viajar al colegio en Pontevedra era un asunto arduo. Pontevedra está en Merlo, casi casi en la frontera con Kathan city, que está en La Matanza. Digo casi porque antes, yendo por la ruta, está el Barrio Las Torres, que se llama así porque hay…torres, muchas, de alta tensión. Los vecinos unos campeones para bautizar lugares.

In media res

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Subo. Ni muy lleno ni muy vacío, ni mucho calor ni un frío de cagarse, ni música a los tacos ni silencio de sepulcros, ni sí ni no, ni blanco ni negro. Todo normal salvo la sordera del chofer. Uno pensaría que la combinación de barbijos más pantalla protectora del bondi, más ruido del motor, más bocinazos justificaría que nadie pueda escucharse. Falacias. El colectivero no escucha porque es medio sordo de verdad. Hay que gritarle. Acerca la cabeza al cortinado de baño transparente que le pusieron para no pegarse el bicho como si eso hiciera más claro el sonido. No se lo puede juzgar por eso. Todos hacemos lo mismo. Nos acercamos a la cortina y le gritamos hasta dónde vamos. Le cuesta entenderme. En un tiro pienso que es joda porque siempre subo al mismo bondi, con el mismo chofer, a la misma hora, vestido casi siempre igual. Por más opa que seas alguna regularidad en tu vida tenés que ser capaz de detectar. Cuando consigo que me entienda, marca el boleto, pago y… pasando al fondo que hay lugar.

Mendeville

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La nueva normalidad es casi igualita a la vieja solo que ahora tiene barbijos y ventanillas abiertas y a veces ni eso. Algo así me comenta el pibe que me recarga la tarjeta SUBE en la estación Mendeville, del Belgrano Sur. Es hermano de un conocido del secundario. Labura en el tren. Nos encontramos de casualidad porque no pateaba la zona desde mis épocas de barrilete juvenil. Antes venía buscando bandas de punk conurbano y otras porquerías menos sanas y ahora vengo a buscar un repuesto para el lavarropas. Es más barato perder medio día de laburo que pagar el envío. Cosas del capitalismo de plataformas en versión sudaka.