Mostro

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Línea 86, semirrápido por ruta 3. Me subo en Diagonal sur. Todos los asientos piolas ocupados. Previendo la subida de embarazadas, viejos y discapacitados me voy para el fondo, a un asiento de los de atrás de todo, junto al asiento del boludo, ese que está justo justo en el medio y que si frena de golpe salís disparado hacia adelante porque no tenés de dónde agarrarte. Por supuesto que, a diferencia de otras líneas más recoletas como el 12 o el 141, el 86 no tiene aire, así que sentarse donde lo hago es soportar el calor abrazador del motor contra la espalda.

Aspecto

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En ocasiones nuestro aspecto marca lo que nos pasa, no digo que lo determine, pero sí que lo condiciona. Bien lo saben los pibes morochos de gorrita, los policías, los discapacitados, los zombies y las flacas que son entrevistadas por pelotudos como Nicolás Repetto, que siente por las feministas el mismo respeto que Simón de Monfort por los albigences.

Tierra de nadie

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¿Cómo explicarlo? En algún momento a los diseñadores de colectivos se les dio por introducir un espacio vacío de asientos en la mitad del bondi, cosa de apilar gente a lo pavote y que la monada se arregle sola. Lo que antes era un cubículo rectangular con asientos de un lado y otro ahora son dos territorios aislados uno de otro con un no man’s land en medio. Una primera sección con los asientos reservados y más allá, los montones.