Compra/venta

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En Consti hay un pibe que siempre me quiere enchufar celulares. Robados, obvio. Ofrece cosas piolas, muy superiores a los que usamos los que estamos en la fila. Los vende baratos. Se acerca con carpa y tira entre dientes un “¿baratito?” y lo muestra. Lo saca de una campera de gimnasia azul eléctrico con capucha.

Silencio

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Es muy raro que pase pero pasa. No se puede predecir, no hay modo de presagiarlo. Ocurre y ya. No tiene que ver con la hora, ni con la época del año. Es el silencio de viaje. Subís y todos callados. Ensimismados en sus propias cavilaciones lxs pasajerxs guardan silencio. Decenas de personas venidas de todas las partes del orbe, apiladas unas sobre otras, obligadas a la convivencia más brutal. Decir que cargan la resignación de quien va hacia el matadero sería injusto. Tal vez ellos sean el verdugo.

Refugio

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Duda semiológica ¿Por qué le decimos refugio al refugio sino te refugia de nada? Para los que no lo saben (porque tienen la fortuna de viajar en helicóptero) lo colectivos se detienen en distintos puntos de la traza de su recorrido para que suban o bajen lxs pasajerxs. Esos puntos son comúnmente denominados “paradas”. Las paradas pueden o no tener un “refugio”, una estructura de metal o material con o sin asientos, por lo general con una suerte de techo o cubierta para proteger de algún chubasco medio pelo.

Argumentos

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Viajar se viaja en todos los horarios. Si los colectivos no fueran tan pero tan chotos se viajaría igual de mal a las 3 de la mañana, que es la única hora en la que las líneas de colectivo pueden decir que no tienen quejas, porque no tienen servicios en las zonas en las que realmente serían útiles. De nada sirve un bondi que pase cada media hora por Billinghurst y Guardia Vieja si hay taxis, Uber, cajeros, hospitales y policías cada tres cuadras. Ahora, un bondi en la plaza de la estación Mendeville del Belgrano Sur a las 2 de la matina para ir a pegar una salita de primeros auxilios es tan de ciencia ficción como el tren bala a Rosario de Cristina y Nestor, dios lo tenga en la gloria y no lo suelte.

Concordia

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El pibe tiene un aro en forma se cuerno que le cruza el tabique de la nariz; como es plateado resalta sobre el negro de la barba tupida. Tiene la frente tatuada con dos oraciones que le cruzan de lado a lado. Una es una invocación a la protección de Jesús, la otra parece el fragmento de una canción de Limp Bizkit o Linkin Park, no sé, yo ya era viejo cuando tuvieron su auge. Lleva una capucha casi monástica sobre el balero. Va sentado en el segundo asiento individual, más allá del no man’s land, que es todo lo atrás que llego.

Chismoso

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Para algunos es repelente, para mí es magnético. Veo a alguien llorar y me acerco. No me interesa consolarlo, no podría, no sabría, no querría. Solo me interesa la historia. Y si encima, el que llora tiene un teléfono en la mano, mejor aún. Más que los caramelos y las tortafritas. Es pura ganancia, no tiene que hablarte y seguro, de reojo, podés chequear lo que escribe o escuchar lo que le cuenta a otro. Si ya la gente en estado normal te abre su intimidad con la pantallita al aire, más aún cuando la angustia le ocupa toda la atención.

Mostro

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Línea 86, semirrápido por ruta 3. Me subo en Diagonal sur. Todos los asientos piolas ocupados. Previendo la subida de embarazadas, viejos y discapacitados me voy para el fondo, a un asiento de los de atrás de todo, junto al asiento del boludo, ese que está justo justo en el medio y que si frena de golpe salís disparado hacia adelante porque no tenés de dónde agarrarte. Por supuesto que, a diferencia de otras líneas más recoletas como el 12 o el 141, el 86 no tiene aire, así que sentarse donde lo hago es soportar el calor abrazador del motor contra la espalda.

Aspecto

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En ocasiones nuestro aspecto marca lo que nos pasa, no digo que lo determine, pero sí que lo condiciona. Bien lo saben los pibes morochos de gorrita, los policías, los discapacitados, los zombies y las flacas que son entrevistadas por pelotudos como Nicolás Repetto, que siente por las feministas el mismo respeto que Simón de Monfort por los albigences.

Tierra de nadie

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¿Cómo explicarlo? En algún momento a los diseñadores de colectivos se les dio por introducir un espacio vacío de asientos en la mitad del bondi, cosa de apilar gente a lo pavote y que la monada se arregle sola. Lo que antes era un cubículo rectangular con asientos de un lado y otro ahora son dos territorios aislados uno de otro con un no man’s land en medio. Una primera sección con los asientos reservados y más allá, los montones.