Chismoso

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Para algunos es repelente, para mí es magnético. Veo a alguien llorar y me acerco. No me interesa consolarlo, no podría, no sabría, no querría. Solo me interesa la historia. Y si encima, el que llora tiene un teléfono en la mano, mejor aún. Más que los caramelos y las tortafritas. Es pura ganancia, no tiene que hablarte y seguro, de reojo, podés chequear lo que escribe o escuchar lo que le cuenta a otro. Si ya la gente en estado normal te abre su intimidad con la pantallita al aire, más aún cuando la angustia le ocupa toda la atención.

Un tiempo

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Hace algún tiempo quise mucho a alguien o si no mucho, como me salió querer. La quise bien, que es lo mismo que decir que la quise sin subterfugios, sin esas caretas que a veces usamos para parecer mejores ante los ojos de la gente. Compartimos noches y no todas esas noches estuvieron cargadas de épica pero fueron deseadas y apreciadas. Algunas de ellas, incluso, podrían ser cantadas por cualquier rapsoda en cualquier lugar del mundo porque la dicha de la carne, perra, libre y en bruto no se somete a la historia ni a las mañas. Algunas otras, más calmas, fueron como el momento en el que alguien cualquiera se saca los zapatos y pisa el pasto de la mañana con los pies desnudos. Una mañana de madrugada, en lo oscuro de la noche. Un despertar sin estridencias antes de irse a dormir.

Tiempo muerto

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El tiempo muerto. Eso es lo peor del bondi. Cuando vas amontonado a cuatro decenas de personas y no podés leer porque no hay margen para dar vuelta la página, ni boludear con el teléfono por cagazo a que te lo afanen. Cuando no podés escuchar música porque el colectivero o los otros pasajeros se pasan de rosca con lo que escuchan y entonces invaden tu espacio personal sonoro por más que intentes defenderte con tus auriculares vomitando Death metal a toda castaña. O hay tanta gente apilada que no podés cambiar la canción y te fumás entero el disco de Lali sin poder hacer nada.

Manu♥♥♥

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Bondi. 86. Madrugada. Dos tipos sentados juntos. Uno le dice a otro:

– Salí con Elisa. Noté que ella no quería estar ahí conmigo. Ni siquiera me dio pie a decir nada. Por ahí tendría que haberle dicho lo que quería decirle igual y sacármelo de encima. No soltaba el teléfono. En un momento se da vuelta. Estaba hablando con el novio.

Horoscopismos

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El horóscopo del diario es particularmente imperativo «Diga con franqueza lo que siente o puede que se arrepienta si pierde a quien ama» aunque corona con un «Hay que saber dejar ir lo que no conviene. Despréndase.» Casi que se contrapone, casi que se opone un consejo a otro. Los intérpretes del oráculo puede que digan que una cosa no implica la otra, es cierto, pero la línea divisoria entre opciones es demasiado fina para quien desconfía de la palabra de los dioses, en especial, cuando los dioses tienen la manía de comportarse como unos cretinos de mierda.