Sebastian Bach

Posteado el

Anoche una ex me escribe para comentarme los pormenores que descubre en una nueva incursión en la serie Gilmore Girls (¿¡¿?!?). Sí, mis ex son así. Me dice que descubre que uno que toca en la banda de un tal Lane es un músico famoso en la vida real y se llama Sebastian Bach. Me cagué de risa. Me cagué de risa porque la flaca araña los treinta y para ella los ’80 es algo de los libros de historia, porque no me imagino al cantante de una banda como Skid Row tirando diálogos ingeniosos pero improbables con Rory Gilmore. No me lo imagino normal, sin falopa, sin pose de rock’star ni me la imagino a ella tan dada a la lectura de Anatole France escuchando a ese carilindo pelilargo que tomaba de la misma ricarda con Axel Rose cuando Axel Rose era un señor peligroso y no esa tía abuela con sobrepeso que es ahora.

Este mundo solamente romperá tu corazón

Posteado el

Todos tenemos la experiencia del bucle mental, esa idea compulsiva a la que volvemos una y otra y otra vez sin solución de continuidad y que nos impide retroceder tanto como seguir adelante. Esa idea, asociada a prácticas determinadas, es quizás una de las características principales de la neurosis obsesiva. Un retorno a la niñez más primaria en la que el acto de la repetición fijaba conceptos. Eso que hacen los infantes que ven un millón de veces las mismas películas, los mismos dibujitos; que preguntan casi como en una conmoción mental «¿Y mamá? ¿Y papá» «¿y Candela? ¿Y la moto?». La repetición pavloviana como fijación y refuerzo de algo del mundo que nos ha interpelado y se afinca en el hondo bajo fondo eternamente sublevado.

Pop!

Posteado el

Es innegable que la música es parte consustancial de nuestra educación sentimental. No solo forjamos nuestra percepción amatoria de la realidad a través de los besos que nos dan y nos niegan sino que además lo hacemos tras el prisma de un imaginario social que nos dicta cuáles son las formas correctas en las que se ama o se sufre por amor. Tal es así que Nick Hornby, reflexionando sobre el impacto de la música pop en nuestras vidas, le hace preguntarse a Rob, personaje de su novela Alta fidelidad, «¿será que me gusta (el pop) porque soy infeliz o si soy infeliz porque me gusta?».

Reggaetón lento

Posteado el

El chofer escucha música en su celular. Sorprende el volumen. Su lista de reproducción es por demás creativa. Reggaetón, cumbia remixada, folcklore en plan mix tape. En ese orden y sin pifiarle nunca. Un golazo. Lástima que con su actitud habilita al resto del pasaje a intentarlo. Solo recoge el guante una evangelista que le opone al reggaetón canciones en las que Cristo salva al mundo del mal, el café, la minifaldas, Marilyn Manson y el aborto. Se baja en Laferrere repartiendo bendiciones cada vez que pisa a alguien.

¿Si no sé qué cojones hacer contigo cómo voy a saber qué cojones hacer conmigo?

Posteado el

A veces ocurre que pasa algún tiempo antes de volver a cruzarse con un disco que conmueva. Las razones pueden ser varias, todas vinculadas a la subjetividad. Discos que en una época determinada nos hubiesen parecido basura al llegar el momento dictado por los dioses nos tocan una fibra interna y se vuelven omnipresentes, banda sonora original de los días vividos en tiempo real.

Arjona (o cómo perder el prestigio con una sola nota)

Posteado el

Si cualquier boludo tiene un blog también cualquier boludo es crítico de música. Por eso es tan sencillo hacer leña del árbol caído con un cantautor que desde hace más de veinte años ha musicalizado ciertos lugares comunes del imaginario popular. Desmerecer tamaña tarea es no entender en modo alguno no ya los dispositivos culturales que obran a nuestro alrededor sino tampoco las sensibilidades y el imaginario de cientos de miles de personas de habla hispana que encuentran en las letras del guatemalteco su compañía en momentos de zozobra  y alegría, la empatía que transforma lo irrelevante en vital.

Donde Manda Calamaro (o casi) y otras cuestiones menos alegres

Posteado el

Andrés Calamaro en un estudio de radio. Está presentando On the Rocks, su disco de 2010. Le hacen un reportaje. Alguien llama y deja un mensaje. “Lo escucho mientras me hacen quimioterapia”. Silencio. Calamaro agradece y el reportaje sigue. ¿Pero cómo seguir? Un tipo se está muriendo y acompaña lo poco que puede hacerse con las canciones del salmón de fondo. Un paliativo ante la muerte. Un tipo parado frente a una columna de tanques queriendo evitarles el paso. Y Calamaro de fondo.