Reggaetón lento

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El chofer escucha música en su celular. Sorprende el volumen. Su lista de reproducción es por demás creativa. Reggaetón, cumbia remixada, folcklore en plan mix tape. En ese orden y sin pifiarle nunca. Un golazo. Lástima que con su actitud habilita al resto del pasaje a intentarlo. Solo recoge el guante una evangelista que le opone al reggaetón canciones en las que Cristo salva al mundo del mal, el café, la minifaldas, Marilyn Manson y el aborto. Se baja en Laferrere repartiendo bendiciones cada vez que pisa a alguien.

¿Si no sé qué cojones hacer contigo cómo voy a saber qué cojones hacer conmigo?

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A veces ocurre que pasa algún tiempo antes de volver a cruzarse con un disco que conmueva. Las razones pueden ser varias, todas vinculadas a la subjetividad. Discos que en una época determinada nos hubiesen parecido basura al llegar el momento dictado por los dioses nos tocan una fibra interna y se vuelven omnipresentes, banda sonora original de los días vividos en tiempo real.

Arjona (o cómo perder el prestigio con una sola nota)

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Si cualquier boludo tiene un blog también cualquier boludo es crítico de música. Por eso es tan sencillo hacer leña del árbol caído con un cantautor que desde hace más de veinte años ha musicalizado ciertos lugares comunes del imaginario popular. Desmerecer tamaña tarea es no entender en modo alguno no ya los dispositivos culturales que obran a nuestro alrededor sino tampoco las sensibilidades y el imaginario de cientos de miles de personas de habla hispana que encuentran en las letras del guatemalteco su compañía en momentos de zozobra  y alegría, la empatía que transforma lo irrelevante en vital.

Donde Manda Calamaro (o casi) y otras cuestiones menos alegres

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Andrés Calamaro en un estudio de radio. Está presentando On the Rocks, su disco de 2010. Le hacen un reportaje. Alguien llama y deja un mensaje. “Lo escucho mientras me hacen quimioterapia”. Silencio. Calamaro agradece y el reportaje sigue. ¿Pero cómo seguir? Un tipo se está muriendo y acompaña lo poco que puede hacerse con las canciones del salmón de fondo. Un paliativo ante la muerte. Un tipo parado frente a una columna de tanques queriendo evitarles el paso. Y Calamaro de fondo.

Arqueología de la duda (Led Zeppelin y la grandilocuencia de lo pasado)

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Led zeppelin ha muerto. Como Cobain, como Marley, como Harrison hoy cría malvas en los cementerios de la memoria. Borges proponía que al mirar atrás, las infinitas bifurcaciones de la vida se volvían un solo camino recto. Todo va de algún modo hacia Led Zeppelin cuando se mira hacia atrás. El hard, el blues, el folk, el sonido progresivo. Pero Zeppelin se encuentra en el punto de fuga del horizonte. Y el horizonte queda lejos. Nadie nacido después de la época de gloria de la banda puede dar cuenta de lo que significó realmente formar parte de la fundación del rock de estadios, del rock como negocio, como moda y como espíritu de época y ritual de miles y miles abandonados a la sin razón de un placer desconocido y nuevo.

La gota en el ojo (aspectos de Sumo para ver)

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La llegada del reggae y el pos punk a la Argentina es un camino de fuga. Así como algún inmigrante alemán escapando del hambre posibilitó el sonido característico del tango con un bandoneón en su maleta; del mismo modo lo que trajo Luca Prodan en su cabeza escapando de sus propios fantasmas fundó un sonido nuevo en un país que transitaba una pampa húmeda, pero pampa al fin.

23am

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Los libros a veces nos dan la oportunidad de deslumbrarnos con una historia o con un fragmento de ciencia pensada en otro tiempo, bajo otra sensibilidad del mundo y de los hombres. Nos traen, en palabras y grafos, otros aires; como si fuésemos capaces de oler el soplo del mar al descorchar esa botella que el náufrago tiró en su desesperación con un mensaje dentro.