Pop!

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Es innegable que la música es parte consustancial de nuestra educación sentimental. No solo forjamos nuestra percepción amatoria de la realidad a través de los besos que nos dan y nos niegan sino que además lo hacemos tras el prisma de un imaginario social que nos dicta cuáles son las formas correctas en las que se ama o se sufre por amor. Tal es así que Nick Hornby, reflexionando sobre el impacto de la música pop en nuestras vidas, le hace preguntarse a Rob, personaje de su novela Alta fidelidad, «¿será que me gusta (el pop) porque soy infeliz o si soy infeliz porque me gusta?».

Norma

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El chófer hace señas. Pueden subir dos. Subimos diez. Voy fundido contra el vidrio de la puerta. Casi lo dejó ir pero en la parada había una veintena de personas y un ambiente de que la espera era para largo. Mala mía, en lo que tardamos en acomodar a la monada cae otro 96 semirrápido vacío donde se puede correr, jugar al paddle y dormir cómodo. Encima, tiene aire, la concha de dios.

Veranito

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Los veranos son una cagada. Siempre la paso mal. Desde chico. Como siempre fui un antisocial o como se dice ahora, un pibe con dificultades para entablar vínculos, mis únicos contactos con el resto de la humanidad se basaban en la obligatoriedad de compartir 4 o 5 horas diarias con mis compañeros de escuela. Entonces, en las vacaciones de verano, cuando ellos ya no tenían por qué soportarme, no veía a nadie. Leía como un enajenado bajo el calor impiadoso de un sol desatado.

Exilio

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Mi amiga Virginia se va del país. Se hinchó los ovarios. Tiene 33 años. Sobrevivió al menemismo. Sobrevivió a De la Rua. Sobrevivió a Duhalde. Sobrevivió al kirchnerismo. Pero con Macri se cansó. Si fueran solo ella y su marido, se queda en la trinchera. Pero ahora tiene una hija. Se van. Ella, su marido y su hija. No se va con una mano atrás y otra adelante, pero se va. Vende todo, deja todo. Deja a sus amigos, deja los laburos que tenía y con los que no llegaba a fin de mes. Deja a sus parientes, los lugares de su infancia, el recuerdo de sus amores y dichas que son, al fin y al cabo, lo que constituye nuestros amores y dichas presentes. Deja este país porque se cansó de todo.

La circularidad del tiempo 3 – confort

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Parada. Dos tipos, como de mi edad. Uno está taciturno, extraviado, con la mirada medio perdida, medio clavada en las palmeras podridas del refugio. Le habla al otro sin mirarlo. Contándole o contándose. Le dice -Me dejó. Es cierto que yo no me puse las pilas, pero no la cagué. Estábamos bien. Nunca me pidió nada. Yo nunca le pedí nada. Conoció a un pibe. Anduvo un tiempo con él al mismo tiempo que conmigo. Parece que el pibe apretó el acelerador y ella tuvo que elegir. Me lo dijo de frente. Una divina. ¿Qué le iba a decir, que se quedara conmigo?

Pecadorxs

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Los pecadores me cuentan cosas. Al parecer en algún momento de la vida desarrollé el talento de una escucha que otros asumen cómplice. Vienen y tarde o temprano vuelcan en palabras sus trapizondas, sus agachadas, sus infidelidades y pequeñas y grandes deslealtades. A veces ni falta hace, les saco la ficha y se dan cuenta. Me lo ven en la mirada. Criminales de la moral cotidiana se sientan frente a mí y narran.

Gris

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U no se hace grande y en ocasiones se vuelve un pelotudo. Olvida de plano el aspecto lúdico de la vida y entonces todos los días giran en torno a la tragedia de trabajar para vivir; o, como una suerte de Peter Pan u hombre menguante, cree que hacer cosas de pendejos mantiene a raya el paso de los años que se cuelan indiferentes en la balanza, en el espejo o en las mujeres y amigos que amamos y ya no nos llaman para navidad.

Mostro

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Línea 86, semirrápido por ruta 3. Me subo en Diagonal sur. Todos los asientos piolas ocupados. Previendo la subida de embarazadas, viejos y discapacitados me voy para el fondo, a un asiento de los de atrás de todo, junto al asiento del boludo, ese que está justo justo en el medio y que si frena de golpe salís disparado hacia adelante porque no tenés de dónde agarrarte. Por supuesto que, a diferencia de otras líneas más recoletas como el 12 o el 141, el 86 no tiene aire, así que sentarse donde lo hago es soportar el calor abrazador del motor contra la espalda.

Parque

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En una época de incipiente adolescencia se me dio por los cómics. Eran caros aunque fuera el uno a uno menemista. Mi abuelo me llevaba a comprarlos a una casa de venta de Revistas usadas en Mataderos que se llamaba Novelas Alberdi, un local que ya era viejo cuando amasijaron al pibe cabeza en una curtiembre de la zona. Con el tiempo el local también fue kiosco, luego solo kiosko y luego solo olvido.